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lunes, 29 de noviembre de 2010

Jugar a papás y mamás

No es que sea particularmente defensor de Wikileaks, es más, me parece una aberración informativa. Seamos sinceros, porque ataca directamente a mi ¿futura? profesión, por un lado, pero también porque la gente no está preparada para consumir información en estado puro. Los periodistas están para digerirla e interpretarla por ellos. Aún así, he de lanzar una piedra a mi propio tejado y reconocer que el periodismo de investigación ha muerto. O más bien, ha sido asesinado por los intereses empresariales que todo medio esconde hoy en día detrás de sí. Y Wikileaks es lo que más se le parece. Y de aquí parto para el tema que quiero tratar.

La redacción de EL PAÍS debe de ser esta semana una fiesta. Las visitas al portal digital y las compras de ediciones impresas deben de haberse disparado, y no es para menos, cuenta con una exclusiva de impacto similar al 11-S en su época: Wikileaks le cedió, hace unas cuantas semanas, el tratamiento para el mundo de habla hispana de los más de 2000 documentos que dicha organización ha "robado" al Gobierno de los EE.UU. Un cargo que ostentan The New York Times, The Guardian, Le Monde y Der Spiegel en sus respectivas zonas de influencia. Es decir: cinco periódicos, marcados por una tendencia "izquierdista" y por ser las principales cabeceras de referencia en Occidente, están tratando la mayor cantidad de información comprometida de un gobierno en toda la historia.

La filtración me parece, sinceramente, cojonuda. Por fín se muestra al desnudo algo que ya conocíamos tácitamente: EE.UU. es la mano que mueve las piezas del ajedrez que compone el mundo, y siente el mismo desprecio por blancas que por negras. Al fín y al cabo, cualquier cosa que escape a sus fronteras es bazofia. Lo que me indigna es que los Estados europeos, tras descubrir las graves faltas, delitos y mofas que se han hecho en los círculos diplomáticos norteamericanos sobre ellos, le restan hierro al asunto y luchan por mantener la compostura y la sonrisa helada ante la situación. No se atreven a mover sus propias piezas del juego.

Mi pregunta es: si tanto presumimos de nuestro poder, de que la Unión Europea es la mayor potencia mundial, de que todos quieren congraciarse con Bruselas y ser respetados por el viejo continente, ¿por qué ponemos el culo en pompa ante los EE.UU.? ¿No somos grandes? ¿O acaso solo eramos niños jugando a ser adultos? Europa: vieja, herida y ahora, cobarde.

sábado, 28 de noviembre de 2009

Piedras

Se llamaba Fátima y tenía veinte años. Veinte piedras, las que hicieron falta el pasado veinte de noviembre para que dejara de tener nombre y edad. Es el día a día en el Cuerno de África. Es el día a día que ignoramos porque asistimos a otras lapidaciones menos dramáticas, pero más morbosas.

En el Congreso hoy se hace caso omiso a los dramas humanos que nos rodean porque a cierto presidente se le ha ocurrido dilapidar sus ingresos en un mítin típico de la España de bombo y pandereta. Y porque a la oposición le conviene tirar a dicho presidente sus piedras (y esconder después la mano, claro está).

Fué esa misma oposición la que puso la primera piedra en esto de convertir las elecciones en talent shows y ahora hace como si fuera otra estrafalaria ocurrencia del irresponsable Gobierno. Y es esa misma oposición la que acusa al partido opuesto de simular una falsa integridad cuando son las piedras de su cimientos las que con más peligrosidad se están desprendiendo.

Yo, la única piedra que lanzo hoy al centro de debate es que ambas formaciones políticas se muestran muy dispuestas a posar en las fotos junto a ONGs y obras benéficas, pero ninguna ha hecho nada por ayudar a Fátima, ni a ninguna otra. Una tortura, treinta y cuatro mujeres en lo que va de año, miles de piedras ensangrentadas... y sólo falta la piedra clave que sustente este arco: integridad política.