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domingo, 11 de abril de 2010

Stop

Paren el mundo que me bajo.

Y es que este planeta que todos habitamos parece que ha tropezado con alguna piedra en su ruta espacial y ha comenzado a girar al revés.

Presumimos de progreso en un país en el que se prolongan avenidas dejando a cientos de personas sin hogar y sin recuerdos, sin sus vidas. Que le expliquen a ellos que eso es progreso y no girar al revés.

Presumimos de justicia en un país en el que se juzga a los que buscan esclarecer la verdad sobre los crímenes que han marcado la ruta de nuestra democracia pasando por encima de miles de familias inocentes. Que les expliquen a ellos que eso es justicia y no girar al revés.

Presumimos de civismo en un país en el que puedo matar a un animal haciendo un espectáculo de ello y no puedo ver una serie online. Que le expliquen al toro en la arena que eso es civismo y no girar al revés.

Dime de qué presumes y te diré de qué careces. En este país se carece de coherencia, de responsabilidad, de humanismo. Y nadie lo denuncia, porque en la televisión como mucho podrás ver un debate entre cuatro individuos que de pequeños jugaban a tirarse piedras y ahora dicen que los jóvenes son delincuentes agresivos y hay que rebajar la edad penal a los 2 meses porque se dió un caso de un bebé de dicha edad que desnutrió a su madre de tanto amamantarse (con nocturnidad y alevosía, ¡el cara dura!).

Paren el mundo que yo, el bebé, el toro, Garzón y el Cabanyal nos bajamos. ¿Os apuntáis?

martes, 26 de enero de 2010

Periodismo: un sexto sentido

Palestina, año 2005. Imán se dirigía a la escuela como todos los días, vestida con el uniforme y con los libros bajo el brazo, sonriente a pesar de la espesa niebla que hizo que se equivocara de camino. Inocente, la niña caminó hacia el puesto militar israelí junto al campo de refugiados de Rafah, sin perder la sonrisa ni siquiera cuando la ráfaga de disparos atravesó su frágil cuerpo. Cuando yacía en el suelo, desangrándose, sin saber muy bien que pasaba, vio venir al capitán del puesto de vigilancia. Pensó que venía a ayudarla. Veintiún disparos a quemarropa. El capitán vació su cargador sobre el cuerpo aún vivo de la niña y luego se alejó sin inmutarse.

Imán ya nunca podrá contarlo, su voz ha sido callada para siempre por la injusticia, pero hubo un periodista allí que habló por ella y dio a conocer su historia al mundo.

Año 1937. Guerra civil española. El alcoyano Federico Borrell corría por los montes fusil en mano, plantando cara al enemigo que no era sino su propio compatriota. Robert Cappa se encontraba en el momento justo a la hora adecuada. La imagen de Federico derribado por las balas dio la vuelta al mundo.

Corría el año 1945. Un Times Square abarrotado celebraba la victoria estadounidense sobe Japón. En medio del bullicio, un marine exaltado besaba a una enfermera lleno de pasión. La pareja fue fotografiada por Eisenstaedt y la imagen se convirtió en el símbolo del fin de la Segunda Guerra Mundial.

Año 1985. Afganistán pasa del anonimato a ser el gran país de actualidad. Aún hoy recordamos todos aquella dura mirada de ojos verdes de una niña de apenas catorce años semi-oculta por un velo. McCurry contó en una sola instantánea toda la crudeza de una guerra.

Todas ellas son simples imágenes. Pero son imágenes que reflejan lo que somos, la humanidad: con sus luces y sus sombras. Todas estas historias se habrían olvidado de no ser porque un periodista estuvo allí.

El periodismo es el mejor oficio del mundo, porque es como un sentido más de los que tiene el ser humano.

El periodismo da la voz a los que ya no la tienen, cuenta las historias de los protagonistas del día a día, trae a la palestra a aquellos a quienes hemos olvidado.

El periodismo es imágenes: da la luz a los occidentales. Nos abre los ojos para que veamos más allá de nuestras fronteras.

El periodismo es sonidos: hay entrevistas día a día a los protagonistas de la vida real. A los que saben cómo se mueve el mundo, de dónde viene y hacia dónde va.

El periodismo es olfato: mediante sus reportajes nos trae olores de lugares exóticos, o nos descubre olores que desconocíamos de nuestra propia ciudad.

El periodismo es tacto: es el rugoso tacto de la realidad, de las injusticias, pero también es el tacto suave de las soluciones y el futuro.

El periodismo es un sexto sentido: los agrupa a todos y a la vez no es ninguno de ellos, es como sublimar la percepción de la vida y llevarla a los lugares más remotos donde las personas estaría aisladas sin nuestra interpretación de la realidad.

El periodismo es el mejor oficio del mundo porque es también profesión de profesiones: es un médico que salva vidas, un abogado que defiende a los inocentes, un arqueólogo que desvela el pasado o un astronauta dispuesto a descubrir mundos nuevos.

El periodismo es el mejor oficio del mundo porque es un reto constante, una lucha día a día: con la empresa para cumplir los estrictos y apresurados márgenes, con la sociedad porque tenemos una obligación para con ella, y con nosotros mismos puesto que tenemos una ética que respetar.

En conclusión, tanto la triste historia de Imán como la alegría reflejada en El Beso de Eisenstadt, desde la última mirada del miliciano español hasta la mirada aún inocente de la niña afgana, el periodismo acapara todos los ámbitos de la sociedad. Es una profesión por y para todos. Es un sexto sentido que todos podemos explotar. Y además, recordemos que el reconocimiento de los demás es quizá lo que nos hace siempre superarnos y progresar: si una persona que no es periodista dice que el periodismo es la mejor profesión del mundo, quizá sea verdad, más si lo dice un premio Nobel. Porque Gabriel García Márquez dijo “El periodismo es el mejor oficio del mundo” y García Márquez iba para abogado.

Muchas Gracias.

viernes, 22 de enero de 2010

Volver a empezar

Paseos, pateos y vueltas al mundo de un intento de periodista. Eso es este blog. Eso será.

Noticias, imágenes, críticas pero sobre todo opinión.
Gracias por seguirme en esta crisis personal mía.

Un saludo,
C.Futuro¿Periodista?

domingo, 27 de diciembre de 2009

Olas


Hoy hace cuatro años. Más de 250.000 almas...
...ni una sola palabra que pueda expresar un sentimiento.

lunes, 14 de diciembre de 2009

Libertà, parità, fraternità


"Vosotros querríais transformar Italia en una plaza chillona, que insulta y que condena. Vergüenza, vergüenza, vergüenza."

la querrías convertir en una plaza silenciosa, que llora y pone el culo en pompa. Descaro, descaro, descaro.

sábado, 28 de noviembre de 2009

Piedras

Se llamaba Fátima y tenía veinte años. Veinte piedras, las que hicieron falta el pasado veinte de noviembre para que dejara de tener nombre y edad. Es el día a día en el Cuerno de África. Es el día a día que ignoramos porque asistimos a otras lapidaciones menos dramáticas, pero más morbosas.

En el Congreso hoy se hace caso omiso a los dramas humanos que nos rodean porque a cierto presidente se le ha ocurrido dilapidar sus ingresos en un mítin típico de la España de bombo y pandereta. Y porque a la oposición le conviene tirar a dicho presidente sus piedras (y esconder después la mano, claro está).

Fué esa misma oposición la que puso la primera piedra en esto de convertir las elecciones en talent shows y ahora hace como si fuera otra estrafalaria ocurrencia del irresponsable Gobierno. Y es esa misma oposición la que acusa al partido opuesto de simular una falsa integridad cuando son las piedras de su cimientos las que con más peligrosidad se están desprendiendo.

Yo, la única piedra que lanzo hoy al centro de debate es que ambas formaciones políticas se muestran muy dispuestas a posar en las fotos junto a ONGs y obras benéficas, pero ninguna ha hecho nada por ayudar a Fátima, ni a ninguna otra. Una tortura, treinta y cuatro mujeres en lo que va de año, miles de piedras ensangrentadas... y sólo falta la piedra clave que sustente este arco: integridad política.

sábado, 14 de noviembre de 2009

Muros

Todos, de alguna manera, hemos celebrado o recordado con una sonrisa estos días cuando, hace veinte años, derribamos un muro dejando paso a la libertad. Todo han sido buenas palabras, grandes actos emblemáticos, sonrisas, cantos y euforia.

Quizá hemos olvidado que la caída del Muro también ha dado paso a que se trafique en Occidente con mujeres del Este, a que el comercio global devore al regional en los pequeños países balcánicos y eslavos, a que sean más pobres, a que estén cada vez, paradójicamente, más lejos de la democracia.

Quizá, al tirar el Muro, se vino toda la libertad a nuestro lado.